miércoles, 12 de julio de 2017

Mucho gusto, el paraíso.

Acabo de leer una historia que me anima a escribir el cómo fue que llegué al paraíso:

La primera vez que pisé el paraíso, yo no sabía que era el paraíso… fue 3 años después que me di cuenta que había estado en el paraíso de manera inconsciente pero en el fondo de mi mente sabía que ya lo había visitado, sabrán por qué lo digo. 

El día en que Holbox y yo nos conocimos venía en un mood diferente al que tenía cuando llegué aquí por segunda vez, estaba de celebración, había recién terminado mi carrera, eran las primeras vacaciones reales después de mucho tiempo sin la presión de tener que regresar a algo, estaba estable en muchos sentidos, tenía pareja… todo era miel sobre hojuelas, -¡UNA MARAVILLA!- me imagino diciendo a una señora de esas que ven novelas por las tardes y se encariñan con los personajes y charlan con sus vecinas como si de un chisme real se tratara. 

En mi mente hay tres cosas muy importantes que quedaron después de conocer Holbox: 
1. Putos mosquitos y chaquistes y tábanos, son insoportables 
2. Qué maravilla, las calles son de arena y puedo caminar descalza por siempre 
3. Una meditación/ceremonia con tambores que organizó Daniel, el que en aquel entonces era el dueño y administrador de Casa Blatha, en la que vi el cielo y me adentré tanto que vi varias formas de cabezas de animales creadas por una conexión de puntos y líneas de luz que se trazaban desde una estrella a otra formando figuras perfectas, donde vi más estrellas fugases de las que jamás pensé ver, donde sentí la paz que pensaba que no se podía sentir. Fue una loca experiencia el haber visto estos animales dibujados con perfecta claridad en el cielo y después, al hablar con quienes conducían la meditación y saber que habían estado tocando algo que usan en una ceremonia de tambores de indios del sur de los Estados Unidos para invocar los espíritus animales que te acompañan en la vida, me di cuenta que a mí entonces los que me van a acompañar son un carnero y un lobo… y aún no sé lo que significa así que lo interpreto siempre a mi beneficio… Yo creo que si tuviera que decir la cosa más increíble que me ha pasado sería esto… (y la noche que más brillaba el plancton y que mejor se veía el cielo, pero esa es otra historia que quizá un día escriba). 

Después de dejar Holbox cuando vine por una semana la primera vez empezaron a llegar nuevos retos, nuevas oportunidades, nuevo trabajo, y después de dos años y escasos 3 meses: UNA NUEVA VIDA. Me fui a vivir con alguien con quien ya había compartido más de 8 años de mi vida, donde todo iba bien hasta que un día fue mal y toda esa estabilidad se derrumbó, se cayó a piticos y me arrastró fuerte. 

Recuerdo bien el momento justo es que decidí volver a Holbox con nuevos ojos. Después de dos días de conflicto interno (y externo) decidí llamar a mi mamá para contarle sobre la decisión que tomé. Le di la buena noticia de que de la noche a la mañana me separaba de la persona con quien había decidido ir por ahí por "el resto de mi vida", se lo dije por teléfono porque ella estaba en el aeropuerto, se iba de viaje, y yo muy desesperada le comencé a contar toda mi versión de la historia y le advertí que no quería que le contara a nadie de la familia porque no me sentía con la fuerza de causar lástima y en esos ataques de histeria que me dan le dije "A MÍ LO QUE ME PROVOCA ES IRME A VIVIR A UNA ISLA DESIERTA" y ¡plop!, apareció la imagen de Holbox instantáneamente en mi mente, como si hubiera estado esperando desde hace tiempo para salir, como si ya se sintiera estrecho ese recuerdo brotó ipso facto. Sentí una paz indescriptible y me pareció la mejor idea que jamás había tenido, la vi como la inmediata solución a mis problemas y ahí mismo decido dejar el DF. Ahora les digo que fue LA MEJOR IDEA EVER :))

Así que me fui de aquella casa y de aquella vida, me fui a Colombia por una semana a despedirme de gente que no sabía que me iba, o más bien que sí sabían pero que no me decían nada porque seguro mi madre se los advirtió, yo lo sentí y me alegro mucho que haya pasado así porque me dieron consejos realmente útiles y certeros que de haber tenido el chance de preguntar quizá hubieran cambiado por otro, nos abrazamos y regresé DF a en 4 días cerrar un enorme ciclo de mi vida. De esos 4 días el más duro fue el momento en el que me despedí del perro… ahí si fue cuando se me partió realmente el corazón, ahí supe el dolor real de perder un gran amor, Bruno. 

Era martes, 01 de julio del 2014; decidí viajar exactamente el 01 de julio porque me gustan los números y el balance y la mitad de las cosas… y me pareció perfecto iniciar una nueva etapa el primer día de la segunda mitad del año, en el año en que cumpliría 28 (edad muy importante para mí porque significa además el haber roto un patrón familiar que quizá ni exista pero a mí me gustan las coincidencias que hay alrededor) el día 28; mi mamá me acompañó al aeropuerto, se despidió de mí como si nunca nos fuéramos a volver a ver, nos dimos un fuerte abrazo y me metí a la sala. Llegué a Cancún, tomé el autobús a la terminal de ADO y después a Chiquilá, viajaba con dos maletas enormes, creo que de 25 kilos cada una, jajajajajajaja, ahora me río de mí y de lo pendeja, pero era parte del aprendizaje, la gente me veía raro. Llegué al hostal, al primer hostal en el que me iba a quedar en mi vida, el primero de (ahora) muchos. La primera persona que conocí fue a Victoria, en recepción y la segunda, Inti, voluntario, quien me ayudó a subir esos 50 kilos al dorm más alto del hostel (Kokopelli), yo creo que Inti me odió en ese instante por pelotuda, por llegar con 2 maletas de 25 kilos cada una a un lugar donde necesita apenas lo indispensable, cosa que me di cuenta una semana después cuando abría la maleta y me reía de tanta bobada que había cargado por casi 12 horas de trayectos entre el DF y Holbox. 

Ese día el bar había abierto temprano, estábamos en temporada de mundial, había varios alemanes bebiendo, estaba súper lleno de gente… así mismo de lleno sentía el corazón por estar en ese lugar, a las 5 y 30 de la tarde de un martes aún con la ropa de ciudad, con un calor sofocante… yo no podía sentir nada más que mi corazón palpitando, el murmullo de la gente era casi nulo en comparación a lo loco que sonaba mi corazón retumbando en mis pensamientos, increíble, quería llorar de emoción pero me aguanté, sabía que había llegado al lugar correcto. Pregunté por la tienda más cercana y me indicaron que estaba a 3 cuadras y me dirigía a ella cuando a medio camino vi un graffiti que decía "Hoy deja atrás el por qué caíste, da gracias y disfruta el dónde caíste".

https://www.instagram.com/p/p7QKDWiv6H/?taken-by=ciberadicta
Yo leí eso y de una me di cuenta que era verdad y así lo hice y agradezco cada día el haber tomado esa decisión y me percaté que las cosas que parecen malas realmente son buenas, que hay que ver el lado bueno y no llorar porque me caí sino porque a causa de esa caída vine a caer en el mejor lugar del mundo. 

Empecé a conocer a muchas personas y tuve una regresión a los 20 y la vida social loca de una mujer de 20 que había cambiado eso por algo un poco más serio. Yo todavía tenía esa papeleta guardada, sin quemar, en mi poder y la explotaría. Y así fue, exploté cada pedacito, la fiesta no se hizo esperar, el exceso de tiempo libre para ocupar en tan diversas actividades… trabajé informalmente en algunos lugares, me convertí en voluntaria del hostal a cambio de hospedaje, veía los atardeceres todos los días, iba de pesca, hoy con este grupo, mañana con el otro, conocí muchísima música, descubrí lo chingones que son los tatuajes y lo diferentes que son entre sí las personas que los portan, conocí a la chica más tatuada con el trabajo más serio y viceversa. Aprendí que amo cocinar y que solo hace falta un poco de imaginación para preparar alguna delicia. Yo me sentía extasiada, cada persona que conocía me daba en el clavo de darme un consejo o contarme una experiencia que parecía que había preparado para contarme únicamente a mí y que me ayudaba a sanar sin siquiera notarlo. 

Pasaron como dos meses y recuerdo estar hablando con mi mamá y yo le decía "ma, me siento hasta mal de sentirme tan bien". Obvio, yo tenía miedo que lo que estaba sintiendo fueran paños de agua tibia y que lo peor fuera a estar por llegar pero no, creo que fue lo que muchos llamarían un milagro, una cura inmediata. 

Pequeñas familias que he hecho :))
Uno de los aprendizajes que me ha dejado este paraíso es el saber recibir, el saber soltar y el saber decir las cosas a tiempo y de manera concreta. Fue en ese momento en que me di cuenta que ya había entendido la lección y que no quería otra prueba de ello, es decir, la lección es querer a una persona que pasó un tiempo considerable en el entorno que eventualmente se tendrá que ir para continuar con los planes que tenía pero aprovechar el mayor tiempo posible y cuando llega el día ¡Chao! y cada quien continúa con su vida tan normal… uffff, se lee fácil pero no lo es, pero lo aprendí, luego estos se convierten en tus amigos y sabes que en algún punto del camino los volverán a encontrar y quizá continúe como si nunca se hubieran dejado, o quizá no. En fin, cuando entendí esto entonces fue que decidí salir de la isla para comprobar que realmente había cambiado y descubrir que otra etapa importante de mi vida estaba por venir. 

Desvelada y cruda por la fiesta de despedida…


Y quizá un día escriba de ello: Mi primer viaje de mochilera :))




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