Todos estábamos en silencio. Era un silencio tan perfecto que por cerca de media hora nadie se atrevió a romperlo. Todos acostados en el suelo, contemplando el cielo, las estrellas, la ausencia de luz que hacía que cada estrella se viera perfecta. En ese momento éramos cazadores de estrellas fugaces. Pasó una, dos, tres… "WOW! qué fortuna poder tener este cielo cada noche" pensé.
Sólo se podía oír el mar arrebatado por el viento, y el mismo viento, pasando por mis orejas, por todo mi cuerpo, despeinando cada cabello de mi cabeza. No había nada más que mis pensamientos, que saltaban de una tontería a otra sin control… hasta que por fin mi mente se quedó en blanco. Fue un momento hermoso, como casi cada momento vivido en esta isla, mi isla, mi hogar.
Hasta que finalmente alguien tomó valor para romper el silencio y dijo: We should come back to the hostel, mosquito party is coming.

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